El agua en la historia de Tarazona

Tarazona es una ciudad continua, primero celtibérica y luego romana, llegando hasta la actual ininterrumpidamente sin dejar de ser habitada. Siempre ha estado fuertemente vinculada al agua. El agua ha conformado nuestra historia, nuestras tradiciones, así como el urbanismo de nuestra ciudad entorno al Río Queiles y a diferentes acequias; ha influido en el desarrollo económico de Tarazona y en su relación con las diferentes industrias que ha habido en la ciudad, en las que era imprescindible la utilización del agua. Además en el ámbito cultural y religioso, existen múltiples tradiciones y romerías entorno al agua.

Relación del origen del nombre de la ciudad “Turiasu” con el agua

Turiaso es el nombre de una ciudad celtibérica que generalmente se ha localizado en la ubicación de su sucesora Tarazona. El nombre de la ciudad Turiasu (Tarazona), se relaciona con la onomástica celta en la que aparecen, entre otros, hidrónimos, que tienen por base la raíz alternante tur-/dur- (Durius= Duero). La vinculación del nombre de la ciudad con un valor hidrónimo reforzaría el importante papel del agua en el entorno de Turiaso.

Turiaso
Turiaso escrito en signario ibérico: Turiasu

La Turiaso celtibérica pertenecía al ámbito de los lusones, junto con Bursao (Borja, Zaragoza), Caravis (Magallón, Zaragoza), Caiscata (hoy Cascante, Navarra).  Turiaso emitió, además de moneda bronce, abundante moneda de plata, con gran difusión geográfica en la meseta, gracias al Duero, el valle del Ebro, Sierra Morena y Cataluña, y esporádicamente el territorio portugués y Cantabria.  Sus monedas se difunden entre el final del s. II y el s. I a. C., agrupadas con las de Nertobis (cerca de La Almunia de Doña Godina), Caiscata y Bursau de las que los tipos turiasonenses servirían de modelo.

Comienzo de las emisiones monetales de Silbis en Turiaso

En la primera emisión latina de la ciudad de Turiaso, una de las cecas más importantes de la Hispania romana, aparece la figura de la cabeza de la ninfa Silbis (anverso) y una estatua ecuestre del emperador Augusto (reverso). Posiblemente se trate de una acuñación conmemorativa de la concesión a esta localidad del estatuto de municipio de derecho romano. Y muy probablemente Turiaso, como Bilbilis (Calatayud, Zaragoza), obtuvo este estatuto en relación con su producción minera e industrial.

Moneda Silbis
Primera emisión latina de la ciudad de Turiaso.                         Museo provincial de Zaragoza

Por otra parte, Augusto, durante su segunda estancia en Hispania con motivo de las guerras astur-cántabras, años 27-24 a. C., se vio aquejado de una grave enfermedad, que pudo remediar gracias a la toma de aguas termales (Dio Cass. 53, 30, 3. Suet. Aug. 81, 1; cf. 59, 1), habiéndose postulado que este hecho aconteció precisamente en Turiaso, en lo que sería el santuario de la diosa acuática Silbis, que aparece representada en las monedas. Por tanto, en el momento de la reestructuración del territorio del valle del Ebro en época de Augusto, especialmente con la creación de la colonia de Caesaraugusta (Zaragoza), probablemente Turiaso se viera favorecida entre otros motivos por ser el lugar donde el emperador sanó de su sufrimiento.

Una cabeza esculpida del emperador romano Augusto acaba de ser hallada en un yacimiento arqueológico de Tarazona, (Zaragoza).
Cabeza de Augusto hallada en un yacimiento arqueológico de Tarazona (1980).

Asimismo, poco es lo que sabemos de la Turiaso romana por las fuentes clásicas.  Turiaso es mencionada en varias ocasiones en dichas fuentes. Plinio III 3, 24, indica que era una ciudad de derecho romano, mientras que el propio Plinio XXXIV 144, hace referencia a las bondades del hierro celtibérico de Bilbilis y Turiaso.  El poeta bilbilitano Marcial la menciona en algunos de sus poemas. Ptolomeo también aporta algún dato. Los itinerarios Antonino y Ravenate la sitúan en sus recorridos. Hay que señalar que fue el Río Queiles el eje vertebrador a partir del cual se urbanizó la antigua Turiaso. No obstante, la numismática, la epigrafía y, sobre todo, la arqueología han permitido probarlo y ampliar nuestro conocimiento sobre la antigua ciudad.

El culto al agua en Tarazona a lo largo de la Historia

El episodio de curación de Octavio (Augusto) en las aguas sagradas de Turiaso, (29 y 24 a.C.), y el comienzo de las emisiones monetales de Silbis, la divinidad acuática, refleja un estrecho vínculo entre agua y religiosidad, desde una temprana época en Turiaso. Se une a ello la consolidación de un santuario consagrado al culto de las aguas y ubicado en el actual colegio Joaquín Costa (dedicado a Silbis (s. I a.C.), diosa indígena identificada con una ninfa protectora de las aguas y a su equivalente romana Salus (s. I d. C.), divinidad romana de la salud y de la curación).

Imagen de ninfas acuáticas.
Imagen de ninfas acuáticas (Nereidas).

En este sentido, la existencia de una organización social, que, ellos mismos, se autodenominaron “del Agua” explicaría el porqué de la relación del topónimo Turiaso con el radical *tur (agua), así como el culto a la divinidad acuática, Silbis, que un tiempo después se asimilaría a la diosa romana Minerva.

Por otra parte en el culto cristiano hay que destacar la figura de la Virgen de la Huerta, a quien está dedicada la Catedral de Tarazona, en referencia a su emplazamiento, cerca del río, vega y huerta adyacentes. San Juan y sus aguas junto al nacedero de la acequia de Selcos es otro lugar de referencia que vincula agua y religiosidad.

Virgen de la Huerta del siglo XV, de Pere Johan.
Virgen de la Huerta en el Retablo mayor de la Catedral de Tarazona.

Dentro de nuestro patrimonio inmaterial la Romería del Quililay es el ritual festivo más importante de la ciudad. Se trata de una tradición popular que se remonta a 1515 y que tuvo su origen en las súplicas de las gentes a la Virgen del Moncayo para que acabasen las fuertes sequías que azotaba por aquel entonces a estas tierras del Moncayo. Asimismo, es importante la vinculación del agua con nuestros patronos, la Virgen del Río y San Atilano.

La curiosa vinculación de los patronos con el agua

Historia del Santuario de la Virgen del Río

Según narran las crónicas, tras una riada del Queiles en 1660, uno de los obreros de la cuadrilla municipal encargada de desescombrar la orilla izquierda del río, justo enfrente del Palacio Episcopal, se encontró con una piedra muy especial. Se trataba de una cabeza femenina coronada, perfectamente labrada en piedra que enseguida fue identificada con la Virgen María y que podríamos datar en la segunda mitad del siglo XV.

Virgen del Río
Imagen de la Virgen del Río.

Dicha imagen de piedra forma parte del retablo principal del santuario, que a finales del siglo XVII, se construyó en ese lugar para venerar a la Virgen del Río.

San Atilano y el milagro del pez

San Atilano (1839-1909), patrón de Tarazona, fue un religioso que nació en Tarazona y consagró su vida a Dios, llegando a ser nombrado obispo de Zamora. Tras ejercer este cargo durante 10 años, San Atilano renunció a su puesto para irse en peregrinación a los Santos Lugares.

San Atilano
San Atilano, patrón de Tarazona.

Según cuenta la historia, el santo arrojó el anillo de obispo al río Duero para poner punto y final a su período de prelado y emprender sus nuevas andanzas, pero dos años después lo encontró por casualidad en las entrañas de un pez y decidió «volver al frente del Obispado por considerarlo un designio de la Divina Providencia». Debido a este suceso la iconografía de San Atilano se representa siempre con un pez.

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